martes, 28 de octubre de 2014

Una apuesta de 10.000 dólares

Una apuesta de 10.000 dólares

“Poseidia -dijo Cayce en 1940- estará entre las primeras porciones de la Atlántida que vuelvan a resurgir…, según espero, en 1968, 1969… pero no más lejos” [Berlitz, 1977]. Nada de eso pasó; pero Berlitz se basta y se sobra para tergiversar la realidad y adaptarla a la profecía. Y así se refiere al descubrimiento en 1968 de una calzada submarina cerca de las islas Bimini como si fuera evidencia de algo más que de su ignorancia. La prueba, situada a unos 8 metros bajo la superficie, es “un par de filas semirregulares paralelas a la costa, separadas por unos 20 metros y consistentes en unos bloques casi rectangulares de dimensiones muy variadas, que miden de 2 a 6 metros” [Randi, 1982]. En realidad, se trata de un ejemplo de lo que los geólogos conocen como rocas de playa, una estructura formada por granos de arena que han sufrido un proceso natural de cementación. La prueba del carbono 14 a la que se han sometido restos orgánicos incrustados en la roca ha revelado que la carretera tiene sólo unos 2.200 años, cuando la Atlántida, según los creyentes, se hundió en el mar hace más de diez milenios. Al ser de origen natural, se han encontrado otras calzadas submarinas en lugares como Australia, demasiado lejos del triángulo de las Bermudas.

Los fabricantes de enigmas no se conformaron con encontrar una carretera y en 1977 realizaron otro “sensacional descubrimiento”, hallaron una pirámide de 143 metros de altura sumergida en el triángulo de las Bermudas. ¡Ya no faltaba nada! En la región había bases extraterrestres, misteriosas fuentes de energía, ruinas atlantes y hasta una gigantesca pirámide. El problema es que el espectacular monumento siguió el mismo camino que las calzadas submarinas. Aunque Berlitz disponía de un registro de sonar en el que se observaba una estructura piramidal de gran altura, cuando en 1978 Kusche apostó 10.000 dólares a que no existía ninguna evidencia de la existencia de la pirámide, el investigador dio la callada por respuesta.

Y es que la gráfica de sonar también tenía truco. La pirámide descubierta por el capitán Don Henry es de las “siluetas que pueden encontrarse a menudo en los registros de sonar”, según Bob Heinmiller, del Instituto Tecnológico de Massachussetts. “La forma de una pirámide -explica Randi- puede obtenerse simplemente al encontrar una pequeña pendiente en el sonar”, ya que la componente vertical de la gráfica es muy exagerada porque lo que se pretende es hacerse a la idea de la profundidad a la que está el lecho marino. “En el diagrama mostrado por Berlitz, la supuesta pirámide puede representar un terreno sumergido con una suave pendiente de 2 ó 3 grados. Para tener una idea de la verdadera inclinación representada, imagínese una regla de 30 centímetros sobre la parte superior de una mesa con ocho monedas apiladas debajo de un extremo. Don Henry pasó con su barco por encima de eso, en miniatura, para obtener el registro que vendió a Berlitz” [Randi, 1982].

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