El hombre que volvió del limbo de lo perdido
Luis Roldán fue el primer afortunado en regresar del limbo de lo perdido. El ex director de la Guardia Civil se esfumó en aguas del Caribe a mediados de agosto de 1994, pero reapareció en Laos a comienzos de 1995. “Sólo cometió un fallo en su fuga: intentar alcanzar la costa de Florida surcando el triángulo de las Bermudas”. Así se explicaba en otoño de 1994 el hombre que hizo saltar la liebre, Bartholomew Forbes, un ilustre desconocido al que Noticias del Mundo presentaba como colaborador del Pentágono y experto estudioso del misterio del triángulo de las Bermudas [López, 1994]. Forbes, un individuo cuya inexistencia está fuera de toda duda, aseguraba en el semanario sensacionalista que Roldán podía “haber dado un salto temporal” y que el Ministerio de Interior español, una vez informado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), había ordenado abandonar la búsqueda del fugado.Toda la historia era, obviamente, una gran mentira urdida por los responsables de Noticias del Mundo -un periódico plagado de niñas que resucitan animales, hombres que viven con hachas clavadas en el cráneo, mujeres que comen por la nariz y otras lindezas- para llamar la atención de los lectores; una gran mentira similar a las que han convertido el triángulo de las Bermudas en un jugoso negocio para escritores sin escrúpulos y editores sin vergüenza.
Las desapariciones misteriosas han sido uno de los más rentables enigmas de las últimas décadas, como bien sabía el fallecido Charles Berlitz, que vendió más de 18 millones de ejemplares de El triángulo de las Bermudas (1974), desembarcó en España a mediados de los años 70 de la mano del periodista José María Iñigo, al igual que el ilusionista israelí Uri Geller, y fue el mayor publicista de la zona.”Ante la falta de una explicación lógica y aceptable” para las desapariciones que se suceden en tan enigmática región, Berlitz proponía dos teorías: que los ovnis hayan estado “secuestrando aviones y barcos durante varias generaciones” o que todo se deba a una “antigua, e incluso actual, actividad atlante en la zona” [Berlitz, 1974 y 1977]. El único misterio inexplicable del triángulo de las Bermudas es que Berlitz fuera considerado por algunos un “veterano y prestigioso investigador de lo insólito” [Benítez, 1985], cuando en realidad no era más que un avispado embaucador. Sus obras, llenas de burdos errores y provechosas mentiras, demuestran que no ha hecho un estudio serio en la vida y que su única virtud fue que quizá era “capaz de afirmar sus falsedades en treinta idiomas” [Randi, 1982].
“La leyenda del triángulo de las Bermudas es un misterio manufacturado -dice tajante Lawrence David Kusche-. Empezó a causa de una investigación descuidada y fue elaborada y perpetuada por escritores que, consciente o inconscientemente, se sirvieron de errores, razonamientos incorrectos o simple sensacionalismo. Y tantas veces se repitió el relato que éste empezó a ser envuelto por un aura de verdad” [Kusche, 1975]. A mediados de los años 70, Kusche, bibliotecario de la Universidad de Arizona y piloto de aviación, se propuso averiguar qué había de cierto en los grandes titulares de las revistas paranormales y los éxitos de ventas editoriales de Berlitz y compañía. Lo que descubrió fue sorprendente: “No existe ninguna teoría que resuelva el misterio”.

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